El encanto de lo privado

Fijarse en lo cercano, en lo más íntimo y privado, y elaborar un proyecto que en algunos casos sea una obra completa que practicamente abarque toda una vida. Aunque ahora no nos extrañe ver a numerosos fotógrafos retratando su cotidianidad y su círculo más privado, dentro de una temática que no alcanza el género, pero que es un camino muy extendido, fueron una serie de artistas los que iniciaron esta tendencia muchas años atrás.

Uno de los primeros, y que sin duda ha sido una gran influencia en generaciones posteriores, fue el norteamericano Larry Clark, que allá por los finales de los años 60 y principios de los 70, en plena post-adolescencia, comenzó a retratar a su grupo de amigos, que estaban inmersos en una etapa de experimentación a todos los niveles, en unos años en los que Estados Unidos sufrió una auténtica revolución cultural. De una manera casual fue retratando sus experiencias con las drogas, con el sexo, en un conjunto de imágenes que poco a poco fueron cogiendo cuerpo, hasta el punto de materializarse en un libro, “Tulsa”, titulado como la ciudad donde vivían estos jóvenes, y que marcó el comienzo de la prometedora y polémica carrera del autor, que tanto en fotografía como en cine, ha gustado siempre de retratar sin ningún pudor las andanzas de los sectores más jóvenes de la sociedad, sumergidos sin duda en la etapa más libre del recorrido vital, para lo bueno y para lo malo.

Si alguien se puede decir que cogió el testigo de Larry Clark, para llevarlo mucho más allá de los límites de la juventud, es Nan Goldin, unas de las grandes voces fotográficas de los últimos lustros. Y es que las enseñanzas de un profesor de la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston, donde Goldin comenzaba a dar los primeros pasos como artista, que le mostró la obra de Clark, sirvieron para que se replanteara una visión artística que hasta ese momento había buscado su inspiración en la fotografía más vanal de la moda. Goldin descubrió unas imágenes cuyo valor estético, trascendían la mera técnica, para dirigirse hacia espacios más transgresores, donde el fotógrafo formaba parte del mundo que registraba, y el espectador se sentía atraído por una fotografía que le hacía partícipe de lo más íntimo de la experiencia humana. Así, comenzó a finales de los 70 a fotografiar al círculo de amistades que frecuentaba, en su mayoría artistas bohemios, con los que coincidía en Provincetown, una zona de vacaciones próxima a Nueva York. Estos jóvenes se fueron convirtiendo en los protagonistas de sus imágenes, hasta el punto que a través de ellas podemos ver el transcurrir del tiempo, los buenos y malos momentos, y los duros golpes que la enfermedad del SIDA asestó en aquellos años, especialmente en la comunidad homosexual a la que pertenecían parte de aquellos protagonistas. La obra “La balada de la dependencia sexual”, que originariamente fue presentada como una sucesión de imágenes diapositivas, fue el primer legado de aquellos años. A esta, le sucedieron otras series como “La balada desde la morgue”, que seguían esa misma estela, pero con un título que simbolizada como esos años de excesos irreverentes, habían dejado la vida de Goldin vacía de muchas de aquellas existencias tan libres y plenas. Ella misma sufrió duros momentos de alcoholismo y drogas, que no sin dificultades consiguió superar, en muchos casos, tal como recuerda, ayudada por la fotografía.

Larry Clark y Nan Goldin, dos artistas que han convertido lo privado en su obra de arte.

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