Vivan los (algunos) premiados

Cuando se habla de los concursos  y premios fotográficos, parece que siempre hay un cierto halo de desacreditación, fundamentado en la subjetividad evidente de valorar unos trabajos en muchas ocasiones tremendamente diversos. Sin haberme visto nunca en la tesitura de formar parte de un jurado, y reconociendo que yo también he criticado numerosos fallos de grandes galardones, en ocasiones, hay que decir que nos descubren a fotógrafos verdaderamente excepcionales, y que de otra forma tal vez hubiera sido complicado llegar a conocer. Además, todo hay que decirlo, en los tiempos que corren, los premios suponen un espaldarazo económico y publicitario enorme para desarrollar una carrera.

Hoy vamos a hablar de dos de ellos. El primero es Alexander Gronsky, Premio Linhof Young Photographer 2009 (y recientemente el Premio Paul Huf 2010 de la revista FOAM). Este fotógrafo estonio, que reside en Moscú, nos  remite con sus imágenes a esos áridos, duros y fríos parajes que dan forma a aquellas tierras, utilizando una técnica distante, que deja en el espectador un cierto regusto de misterio y atracción por las escenas que presencia. Tal vez sus fotografías no sean estética ni temáticamente originales, en el sentido de que siguen una tendencia fotográfica actual de plasmar esos lugares donde la mano del hombre se mezcla con la naturaleza, en una relación de difícil coexistencia, pero nos sirven para descubrir unos lugares remotos para nosotros, y que tienen ese aura del encanto de lo desconocido, de lo extraño y mágico. Todo ello realizado con un gusto impecable.

En la serie “The Edge” explora la periferia de Moscú, en unos límites que se extienden a medio camino entre la ciudad y la naturaleza. Un lugar fronterizo entre espacios que intentan convivir de la manera más amable posible, y donde los seres humanos buscan territorios donde poder escapar a esa existencia menos natural de los entes urbanos. En “Less than 1” Gronsky realiza una serie de fotografías en regiones donde la densidad de población es menos de una persona por kilómetro cuadrado. Si, espacios inhóspitos, pero donde aún es posible encontrar la huella humana, por mínima que sea. Y por muy duros que sean esos paisajes ásperos, este joven fotógrafo estonio siempre consigue sacar, como hacen los grandes creadores visuales, un instante lírico, una imagen que te hace detenerte, observar, y reflexionar sobre lo que aparece, sobre lo que no aparece, y sobre todo aquello que contiene la fotografía y el lugar reflejado.



Al que tampoco vamos a descubrir ahora es a Yann Gross. Acaba de ser uno de los premiados en el apartado de fotografía del Festival de Hyères, con su serie “Kitintale”, sobre unos peculiares skaters de Uganda. Pero, anteriormente, ya ganó el Premio Descubrimientos 2008 de Photoespaña, entre otros numerosos galardones. En este último trabajo realizado en pleno corazón de África, el fotógrafo suizo nos muestra una de esas curiosas realidades ocultas que tan famoso le han hecho. Si en “Horizonville” nos enseñaba un curioso valle suizo donde muchos de sus habitantes siguen un estilo de vida puramente americano, ahora se ha centrado en la vida de unos amantes del monopatín muy alejados de esas urbes occidentales donde siempre parece estar asociado este deporte, que para algunos es casi una forma de vida. Estos skaters se mueven en calles de tierra y pistas un tanto destartaladas, pero muestran orgullosos un señas de identidad comunes, donde encuentran la felicidad en un país completamente devastado por las guerras.

A este lugar, llamado Kampala, llegó Gross de la mano de su novia, que se había marchado a trabajar a esa zona de África con una ONG. Practicante del skate al igual que el fotógrafo suizo, se dedicó a buscar una pista donde poder practicar, hasta que encontró una mini rampa donde una serie de skaters ugandeses se reunían para dar rienda suelta a su pasión. Se lo contó a Yann Gross, y éste comenzó a moverse para  conseguir material para estos skaters, implicándose tanto que acabó organizando el primer concurso de skate en Uganda. Y luego, como él cuenta, a las pocas semanas de regresar a Europa, se dio cuenta que no había tomado ninguna fotografía. Y visto el resultado, fueron unas semanas muy bien aprovechadas. Un extraordinario trabajo que nos muestra otra realidad del continente africano, una historia esperanzadora de un grupo de jóvenes que comparten un sueño, y que gracias a él forman una comunidad unida por un proyecto común.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: