El instante decisivamente preparado

Sí, hay artistas que han seguido las enseñanzas de Henri Cartier-Bresson, pero a su manera. Aunque el fotógrafo francés siempre renegara de ese “instante decisivo” que le acompañó toda su vida, hay que reconocer que ese don de saber captar un momento donde algo especial ocurre, es precisamente una de las características más importantes de la fotografía. La cámara es capaz de aislar y engrandecer el tiempo y el espacio que queda alojado entre las cuatro paredes de su interior. Eso sí, si quien se la coloca sobre el cuello es un verdadero genio como Cartier-Bresson, las posibilidades se convierten en casi infinitas, como infinitos son los momentos decisivos, más o menos nimios, sobre los que giran la existencia humana. Un momento que queda congelado, detenido, y al que el espectador debe dar sentido.

Y existen fotógrafos que a diferencia del momento decisivo espontáneo de Cartier-Bresson, han creado ese momento de manera preparada, calculada y en algunos casos concienzudamente conceptualizada. Dos de ellos son Gregory Crewdson y Jeff Wall. Dos fotógrafos técnica y estéticamente muy diferentes, pero que comparten esa misma forma de afrontar el arte visual.

De Gregory Crewdson, es fácil reconocer sus fotografías con un acabado perfecto, fruto de una intensa planificación y un gran equipo de producción. Sus imágenes se presentan con la sensación de ser un fotograma aislado de una película, donde todo es preciso, estudiado, y con una iluminación impoluta. Pero, tras esa fachaza estéticamente bella, encontramos soledad, angustias, miedos, en unos protagonistas que se muestran aislados de su entorno, formando parte de una sociedad moderna cada vez más interconectada y abierta, pero con los mismos vacíos que han acechado al ser humano desde siempre. En ese sentido, Crewdson sigue la estela de otros grandes artistas norteamericanos, encargados de mostrarnos la otra cara del sueño americano, en la más honda tradición autoflagelativa de la que se han mostrado muy capaces en Estados Unidos.

Visualmente, las fotografías enlazan con muchas de las pinturas de Edward Hopper, un gran cronista de la sociedad de su tiempo 80 años atrás, con el que comparte una enorme similitud en los ambientes, los protagonistas y el gusto por las luces escogidas y selectivas. Y, al igual que esos cuadros “tan fotográficos” de Hopper, Crewdson aísla un momento concreto, fijo, dejando la interpretación abierta al espectador, que debe participar en su lectura, elaborando un antes y un después que la imagen estática no es capaz de mostrarnos.

Y cruzando la frontera de Estados Unidos, nos vamos a Canadá, donde reside Jeff Wall, abanderado de la fotografía más conceptual. Al igual que Crewdson, sus fotografías están perfectamente estudiadas y planificadas, pero la estética es diferente. La escenografía visual y la iluminación no se inspira tanto en el cine como en la fotografía más casual, aunque en muchos de sus trabajos recurre de igual manera a la posproducción digital. Nada es dejado al azar, y todo en las imágenes de Wall son piezas colocadas y ensambladas que se funden para proporcionar al espectador las herramientas imprescindibles para su perfecto entendimiento. No se puede decir que comprender estas piezas sea en ocasiones sencillo, ya que tras ellas hay un trasfondo social, histórico y político, que es necesario conocer para desentrañarlas correctamente.

Presentadas sus imágenes en grandes cajas de transparencias retroalimentadas, Wall recoge el testigo de grandes pintores del siglo XIX, como Delacroix y Manet, entre otros, de los que recrea alguna de sus obras, y en otras encontramos puntos de unión. Recoge una tradición simbólica e iconográfica de la historia del arte, adaptándola a los problemas y contradicciones de la sociedad actual. Por ejemplo, en su obra “Mimic”, recrea un conflicto racial del que fue testigo en las calles de Vancouver. Para ello, inspirado por la fotografía de calle de Garry Winogrand o Robert Frank, utiliza unos actores no profesionales, situados en un escenario real, a los que retrata de una manera estética casual y espontánea. El hombres de origen asiático, que por su forma de vestir parece pertenecer a una clase superior a los otros dos protagonistas de la escena, recibe un gesto racista por parte del hombre blanco, que es captado en ese preciso instante.

En “Picture for a woman”, inspirado en la pintura de Edouard Monet, “El bar en Follies-Bergère”, unas figuras se reflejan en un espejo, la modelo y el propio Jeff Wall. En el centro, en el punto de fuga de la imagen, podemos ver la cámara, que es accionada por el artista mediante un cable disparador. Los otros elementos situados en la escena, como las bombillas, otorgan a la imagen una enorme profundidad de campo y sensación espacial. La relación de poder tradicional en el arte, en el que la mirada masculina se posa sobre el cuerpo femenino, en este caso se ve alterado por la mirada de la mujer, que se dirige hacia el espectador y hacia Wall, mientras permanece de espaldas al artista.

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2 pensamientos en “El instante decisivamente preparado

  1. Edelweiss 30 octubre, 2011 en 12:21 pm Reply

    Me interesan estos fotógrafos, sabes de alguna publicación sobre ellos?

  2. Edwin 5 junio, 2013 en 1:07 pm Reply

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