De papel y tinta: Los americanos

A pesar del cada vez más digitalizado escaparate del mundo de la imagen, el libro fotográfico de papel está viviendo en los últimos años un verdadero y extraño auge en todo el mundo, proliferando las ferias, las editoriales y las herramientas disponibles para que el “háztelo tu mismo” sea pieza fundamental en este renacer.

Desde este espacio, y cada cierto tiempo, iremos conociendo alguno de los libros esenciales en la historia de la fotografía. El formato del libro ha estado desde siempre muy unido a la fotografía, siendo en muchos casos una manera perfecta para mostrar un proyecto de manera secuencial y narrativa, y en otros se presenta como el medio tradicional de representación visual al que estamos educados y del que es difícil prescindir.

Hoy empezaré por uno de esos valores seguros, imperecederos, que aún hoy consiguen impresionarnos con la calidad de las imágenes que guarda en su interior. Se trata de “The americans” (1958), el libro fotográfico de Robert Frank, fruto de un viaje por Estados Unidos que duró dos años, gracias a una beca que recibió de la Fundación Guggenheim. Durante todo ese tiempo, realizó 28.000 fotografías con su Leica, de las que posteriormente aparecerían en el libro 83.

Una vez finalizado su viaje, en 1957, el fotógrafo suizo conoció en Nueva York al escritor de la generación beat Jack Kerouac, que al visionar algunas de las imágenes, y ante la presencia de unas instantáneas que de alguna manera trasladaban la forma de pensar de toda una generación inconformista de escritores e intelectuales, decidió realizar el prólogo del libro.

Pero esas fotografías no captaban el lado amable de los Estados Unidos. Mostraban el desencanto de un país, que, tras ese boato exterior tan pomposo y magnético, escondía una sociedad donde los problemas raciales, los conflictos sociales, y la desesperación y la violencia de los sueños frustrados, eran latentes a poco que empezaras a escarbar. Debido a este motivo, el libro fue publicado primeramente en París, en 1958, no apareciendo en Estados Unidos hasta un año después, siendo acogido con críticas tanto por su contenido estético como ético, ya que presentaba, según los medios de la época, una imagen distorsionada del país. A pesar de ello, y en parte gracias al prólogo de Jack Kerouac, el libro comenzó a popularizarse hasta el punto de que, con el paso de los años, muchos hablan de estas imágenes como un antes y un después en la historia de la fotografía.

Y es que Robert Frank rompió muchas convenciones fotográficas a la hora de realizar este trabajo. Llevó el arte de Walker Evans y Cartier-Bresson al límite, rompiendo los encuadres clásicos hasta ese momento, realizando unas imágenes llenas de movimiento y dinamismo. Son imágenes plenas de libertad, donde las ataduras de la composición, de las líneas rectas, la iluminación perfecta, y la ausencia de ruido, se rompen por completo, dando una vuelta de tuerca a lo que había sido hasta la fecha la correcta manera de materializar una fotografía. El ritmo y la intuición pasan a ser parte trascendente de la realización fotográfica, sin perder el paso de una cabeza privilegiada, que sabía esperar a captar el momento decisivo.

La influencia de estas imágenes perviven hoy en día, y la senda abierta por Robert Frank sirvió para quitar los corsés que estrechaban las miras del arte fotográfico hasta ese momento, llegando con ese espíritu liberador a expandir su campo de acción a lugares más creativos, reservados hasta este momento a otro tipo de expresiones artísticas.

Ésta fue la gran obra de Robert Frank, que, emigrado a Estados Unidos desde su Suiza natal en 1947, comenzó a trabajar en revistas de moda como Harper’s Bazaar. Después de realizar “The americans”, comenzó a intercalar su trabajo como fotógrafo con el cine, donde sus resultados fueron irregulares, teniendo como más polémico éxito, la realización del documental sobre los Rolling Stones, “Cocksucker blues”, que debido a la imagen que proyectaba de la banda británica en relación a las drogas y otros excesos, y después de una demanda de los propios músicos, pasó a exhibirse en salas cinematográficas baja muy limitadas condiciones: Cinco veces al año, y siempre con la presencia de Frank.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: