Ernest J. Bellocq: El fotógrafo de las “sin rostro”

La fotografía guarda en su interior verdaderas historias mágicas. Una de ellas es la del fotógrafo Ernest J. Bellocq (1873-1949), que a comienzos del siglo XX realizó esas imágenes “sin rostro” de prostitutas de Nueva Orleans que ya forman parte del imaginario visual del medio.

De la vida de este fotógrafo no se tienen muchos datos. Se conoce que tenía un estudio comercial en la capital del estado de Lousiana, y que vivía al lado de los burdeles más frecuentados de la ciudad, en el barrio de Storyville. Imaginamos que, aparentemente, su vida de cara al exterior no distaba mucho de ser como la de otros tantos profesionales del medio de aquellos tiempos, deseoso de agradar a una clientela de la que dependía su negocio, con los típicos retratos de la época para usos profesionales o familiares. También se conoce que realizó fotografía industrial y de navíos de la época. Pero, su creatividad fotográfica le llevo a desarrollar una carrera paralela que seguramente fuera desconocida por todos los que le conocían, salvo por algunos muy cercanos amigos. Comenzó a fotografiar a esas prostitutas de las que era vecino. Fuera por fetichismo, o por placer estético o artístico, fue realizando una serie de retratos de estas mujeres, muchas de ellas desnudas, posando de una manera directa, pero coqueta a la vez y nada vulgar, seguramente por dar placer al hombre que les pagaba por ello, aunque también sintiéndose halagadas por una persona que sentía su belleza digna de ser fotografiada.

Pero, estas imágenes han llegado a nuestros días sin rostro, con la cabeza rayada e irreconocible. Así se encontró los negativos de cristal el legendario fotógrafo Lee Friedlander, que los descubrió en una tienda de saldos, los compró y los acabó publicando en el libro “Storyville Portraits” (1967). Fotografías que en 1970 formarían parte de la exposición que le dedicó el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Pero, ¿quién rayó los rostros? ¿Quién desposeyó a esos cuerpos del más fuerte rasgo de identificación personal? Existen diferentes teorías. Unos hablan que el hermano jesuita de Bellocq, heredero de todos sus bienes, horrorizado al descubrir estas imágenes, las deterioró para siempre. Pero el hecho de que el daño se practicara sobre el negativo, realizado cuando debería estar húmedo, hace pensar que fue el propio fotógrafo quien se encargó de hacerlo. ¿La causa?. Pudo ser un pacto con las prostitutas, que no se fiaban de que estas imágenes llegaran a ser de dominio público, o un acto más de una práctica fetichista, más centrado en poseer el cuerpo que su rostro.

Para aumentar la leyenda de Bellocq, muchos le han descrito como una especie de Toulouse-Lautrec de Nueva Orleans. Con un aspecto siniestro, desequilibrado, bajito, con hidrocefalia. Mientras otros le describen como un hombre alto y apuesto, con un acento francés elegante, como muchos habitantes de la ciudad sureña. Una historia tan enigmática y atrayente ha dado como fruto una película, “Pretty baby”, donde aparece Keith Carradine en el papel de Belloqc, y una novela de Michael Ondatjee, titulada “Coming through slaughter”. Aunque haya pasado a la historia por esos retratos “sin rostro”, también nos han llegado otras imágenes del fotógrafo americano, retratos de mujeres, que posan con naturalidad, con delicadeza, y donde Bellocq muestra un respeto y un gusto exquisito.

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