Hacer la calle en España (también)

La tradición de la fotografía de calle siempre se asocia con los Estados Unidos, y, en menor medida, con Francia. Junto a la fotografía más costumbrista de fotógrafos como Willy Ronis o Robert Doisneau, una generación de artistas norteamericanos apareció durante las décadas de los 50 y 60 para mostrarnos la imagen de una sociedad cambiante, situada en un escenario propicio para todo tipo de situaciones. El anonimato de las grandes urbes, que se habían convertido en megalópolis debido al cada vez menos atractivo mundo rural, proporcionaban el lugar ideal para el arte fotográfico. Una fotografía que se había beneficiado de la aparición de la Leica y otras cámaras pequeñas, que hacían pasar desapercibido al fotógrafo y le permitían convertirse en un observador privilegiado de todo el incesante trasiego urbano.

Pero, no sólo en esos grandes países hubo fotografía de calle. España, que por su tradición “callejera” debería ser un perfecto tablado para el desarrollo de este género, también ha dado grandes ejemplos visuales. Vamos a conocer el trabajo de dos grandes nombres, de diferentes generaciones, que merecen, por derecho propio, formar parte de la historia del medio en nuestro país. Uno de ellos es Luis Baylón, un fotógrafo madrileño nacido en 1958, y que ha destacado por captar con especial talento, y siempre en blanco y negro, la ciudad que le rodea. Un gran retratista de todo lo que acontece en un espacio donde hay cabida para casi cualquier situación, desde personajes curiosos y extravagantes, a animales que buscan con ingenio la forma de sobrevivir en un entorno hostil para ellos. Un autor que, según ha comentado, odia la palabra “robado”, un término muy utilizado en fotografía, ya que él, como bien dice, muestra todo lo que hace, no como podría hacer un ladrón.

Baylón se muestra como un creador impulsivo, que busca lo especial en la calle, ya sea en un gesto, en una determinada luz, en un movimiento, en una cara, en algo que le haga conmoverse hasta el punto de apretar el disparador de la Rolleiflex que siempre le acompaña. Fotografías en las que siempre se muestra, aunque no aparezca él, ya que, como les pasa a otros grandes fotógrafos, en muchas ocasiones sus fotografías tienen parte de “autorretrato”. Un artista o funambulista, como le gusta definirse, que es “callejero”. Le gusta la calle, que es donde se encuentra el mundo. Y ese mundo, más que bello o estético, lo quiere presentar profundo, dejando que sus imágenes sean una ventana abierta donde el espectador se pueda meter y ver más allá de lo que aparece en el blanco y negro de la instantánea.

Ramón Masats (Caldas de Monbui, 1931) es la historia viva de la fotografía española. Uno de esos pioneros que, cuando la fotografía aún arrastraba una rémora de décadas en relación a la de otros países, fue capaz de recoger un testigo hasta entonces difuso y hacer avanzar la fotografía hasta situarla a niveles de otros países de nuestro entorno. Una generación que luchó contra el aislamiento cultural, social y político en el que vivíamos, y que trabajó dentro de los márgenes estrechos que dejaba libres el régimen dictatorial que dominaba España

Fue durante el servicio miliar, huyendo del tedio y el aburrimiento, cuando Masats se interesó por la fotografía, y se compró su primera cámara. En los años posteriores comienza a tener relación con otros fotógrafos de la época, como Xavier Miserach, y se decanta por el género del reportaje, cercano al fotoperiodismo, aunque nunca terminara de abandonar las imágenes de paisajes y objetos. Durante los años 60, se gana la vida trabajando para publicaciones como Ya, Arriba o Gaceta Ilustrada, realizando en paralelo un trabajo más personal, cuyas fotografías surgían precisamente aprovechando esos viajes que solía realizar por encargo de estos periódicos. Colaboró con Miguel Delibes, en el libro “Viejas Historias de Castilla la Vieja” (1964), realizó numerosas exposiciones, y publicó, entre otros, el libro “Los Sanfermines”, en una época, la de la primera parte de los años 60, que fue su etapa más fructífera y brillante.

El trabajo de Masats es fundamental para conocer y comprender varias décadas en la historia de España. Siguiendo la estela de Atget o Cartier-Bresson, creó un retrato certero de lo que era la España de la época. Imágenes que reflejan las fiestas, las tradiciones, pero que también conviven con fotografías más profundas, que reflejan el entorno social y político en el que se movían la gente, con sus condicionamientos, sus tabúes, y el reflejo de una sociedad un tanto constreñida. Masats va más allá del costumbrismo y se adentra en retratar una España real, con un estilo honesto. Y todo ello con una exquisito tratamiento de la composición, sin duda heredado de Cartier-Bresson, donde las imágenes son un arte de equilibrio de líneas y motivos, con un resultado que más allá de intentar captar un momento decisivo. Quién sabe si, de no haber nacido en España, en ese tiempo histórico, Masats hubiera formado parte precisamente de la histórica Agencia Magnum, creada por Cartier-Bresson. Sin duda, méritos no le hubieran faltado, y Cristina García-Rodero, la única fotógrafa española que ha formado y forma parte de ella, tiene mucho que agradecerle en el camino que abrió.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: