La otra Magnum

Poco se puede añadir más sobre la historia de la agencia Magnum. Fundada en 1947 por fotógrafos cercanos al fotoperiodismo como Robert Cappa y Henri Cartier-Bresson, el espíritu original de la agencia era dotar a sus miembros del control sobre su obra, ganando en independencia ante las publicaciones y proporcionando las herramientas para desarrollar una carrera independiente. Además, en el ideario original había un profundo sentimiento humanista, en contraposición a esa salvaje contienda que fue la 2ª Guerra Mundial. Conflicto en el que los miembros fundadores de la agencia se vieron profundamente inmersos.

La agencia, desde ese momento, suministró imágenes de cualquier conflicto bélico que acontecía en el mundo, pero también se hizo famosa por sus interesantes reportajes documentales, que trataban temas en profundidad desde la perspectiva personal de los fotógrafos que poco a poco se fueron incorporando a Magnum. Aunque siempre desde una perspectiva informativa, siguiendo el germen originario de su fundación.

Pero, con el transcurso de los años, era inevitable que Magnum, en competencia con otras grandes agencias que fueron surgiendo, tuviera que abrirse también a fotógrafos digamos “menos clásicos”, que proporcionaran a su fondo visual nuevos horizontes. Profesionales que habían bebido de las fuentes de la fotografía documental, pero que habían educado su visión en el mundo del arte y de la imaginería más creativa y conceptual, proporcionándoles diferentes formas de enfrentarse a la realidad.

Así, repasando el listado de los fotógrafos que actualmente integran Magnum, podemos ver varios ejemplos en este sentido. Uno de los más evidentes es el de Antonie D’Agata. El fotógrafo francés, un verdadero “enfant terrible” dentro del mundo del arte, ha construido su obra en torno a unas experiencias vitales que juguetean con las drogas, la noche y la prostitución. Una vida al límite que D’Agata retrata con su cámara, como una especie de diario visual, donde ha creado un sello personal muy característico, en el que todo ese mundo oscuro es retratado de una manera desfigurada y etérea, sirviéndose de las largas exposiciones, el ruido de la película y los colores alterados de los espacios.

Su obra es su vida, y no puede ser neutral en un territorio donde él mismo forma parte de la escena, y no actúa en el papel de mero observador que habitualmente corresponde al fotógrafo. Imágenes distorsionadas y difusas, recuerdos de noches llevadas al extremo, entre el éxtasis, el gozo y la violencia. Un trabajo libre, que sale de las entrañas, que tienen mucho de autodestructivo, y que en Magnum ha encontrado su peculiar espacio.

Con el tiempo D’Agata ha ido refinando su estilo. Sin abandonar el fondo crudo de sus primeros pasos como fotógrafo, carrera que empezó cuando ya había cumplido 30 años, el estilo de sus imágenes ha ganado en plasticidad, con un envolvente juego de desenfoques, movimientos y gama cromática. Unas imágenes que se han acomodado mejor entre las galerías y las ferias de arte que entre las publicaciones fotoperiodísticas para las que originalmente se creó Magnum.

Un pensamiento en “La otra Magnum

  1. Julia 21 octubre, 2010 en 9:57 pm Reply

    por si no lo has visto!

    http://vimeo.com/3259401

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