El fotoperiodista: objetivo de guerra

Aunque en muchas ocasiones se ponga en duda la ética de los fotoperiodistas de guerra y de conflictos, principalmente por personas que poco conocen la profesión, y que son especialistas en generar debates donde no los hay, la labor que realizan es indispensable en la sociedad en la que vivimos. Acuden a los lugares que necesitan ser mostrados, y ponen rostro a tantas y tantas tragedias como lamentablemente ocurren en el mundo. Se juegan la vida, con un beneficio económico cada vez más limitado, y luchando por mostrar sus fotos en unos medios de comunicación que son cada vez más reacios a “manchar” sus pulcras páginas con muertes, guerras y violaciones de derechos humanos que empañan las magníficas estampas publicitarias de las que viven.

Y pese a que pudiera ser contradictorio, y el avance de los tiempos debería resultar en una mayor protección de los fotógrafos y periodistas, progresivamente se ha ido desprotegiendo a estos trabajadores, y últimamente se han convertido en el blanco fácil de los que no quieren que se sepa la verdad. Mostrar la realidad molesta, y la fotografía sabe mostrar esa realidad como pocas cosas pueden hacerlo. Ahí radica su fuerza, y ahí radica la debilidad de quien lucha por sacar la verdad adelante. Y el problema es que “ningún bando” tiene gran interés en defenderles. Ejemplos tenemos en todos “los bandos” de actuaciones deleznables, en las que muchos fotógrafos han perdido la vida o han quedado gravemente heridos, con unas investigaciones opacas donde nadie ha tenido mucha preocupación en encontrar a los culpables.

La última víctima “colateral” ha sido el fotógrafo francés Lucas Mebrouk, que se debate entre la vida y la muerte tras haber sido herido por un bote de humo cuando cubría las manifestaciones en Túnez que han llevaron al derrocamiento del presidente Zine el Abidine Ben Ali. Según algunas informaciones que han sido recogidas por la organización Reporteros Sin Fronteras, el bote fue lanzado a corta distancia y de forma deliberada por la policía. De nuevo, matar al mensajero, matar el mensaje, esconder la verdad. Y, como en tantas ocasiones, nadie detenido, nadie acusado, y en poco tiempo todo se irá olvidando, y los fotoperiodistas se encontrarán en la misma situación, y temiendo similares resultados.

Aquí podemos ver una de sus últimas fotografías. Esperemos que no sean las últimas:

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