Archivos Mensuales: julio 2013

La frase fotográfica de los martes, por Yousuf Karsh

“El carácter, como la fotografía, se revela en la oscuridad.”

Yousuf Karsh.

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Ernest Hemingway © Yousuf Karsh

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Una fotografía: “Bal Musette”, de Germaine Krull

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Siempre me ha maravillado esta fotografía de Germaine Krull (1897-1985), realizada en 1928, y que lleva el título de “Bal Musette”. Y me ha fascinado porque resume en gran parte dos de los pilares mágicos que posee la fotografía. Por una parte, su capacidad para atrapar el tiempo, para detener un momento, para agarrar la memoria y traernos al presente, el pasado, la nostalgia evocadora de vidas ya muertas, y que resucitan ante nuestros ojos y ante nuestra mente, de manera ilusoria, pero con la intensidad de la que seamos capaces de transmitir. Y por otra, la capacidad que tiene para estimular la imaginación del espectador, que se convierte en escritor de vidas ajenas, en narrador de historias, partiendo de miradas y gestos, a los que añadimos significados, a los que dotamos de palabras que no existen en la imagen, en un relato tan verdadero como incierto, pero siempre estimulante.

En este caso, las miradas se asoman a la cámara, bajo el regazo de la barra de un bar, y nos contemplan de una manera triste, taciturna y melancólica. Lo que debía ser una espacio para el ocio y la diversión, como los salones de baile del París de los años 20, se convierte aquí en un refugio, en una cuerda donde se agarran los supervivientes de lo que parece una naufragio, tal vez de deseos incumplidos, de amores no correspondidos, o de futuros prometedores, que acabaron sólo en eso, en promesas. Cada persona que se cuela en el encuadre de esta imagen podría servirnos para escribir una pequeña o gran novela. Incluso ese ojo que se asoma en la parte de la derecha, serio y abstraído, podría ser una pista para trazar el sendero que le ha llevado a este refugio, donde las caretas se han caído, donde los rostros se nos muestran sin la máscara de triunfo que todos intentamos proyectar.

Hasta aquí, lo que vemos, lo que vi, lo que queremos ver. Como tantas otras veces ocurre en una fotografía, aunque en este caso, la gran Germaine Krull fue capaz de atrapar uno de esos “momentos decisivos”, silentes, fríos, donde no ocurre nada, pero muchas cosas salen a la luz.

La frase fotográfica de los martes, por Ansel Adams

“El componente más importante de una cámara está detrás de ella.”

Ansel Adams.

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© Ansel Adams

Raíces: Joel Meyerowitz, Hiroshi Sugimoto y Samuel Burns

Como solemos realizar en esta sección, es interesante ver cómo dialoga la fotografía contemporánea con autores o trabajos anteriores. Hace poco tiempo, contemplé el trabajo de un norteamericano llamado Samuel Burns. Unas imágenes de paisaje marítimo realizadas con largos tiempos de exposición. E inmediatamente, me vinieron dos fotógrafos a la cabeza. Por una parte, la serie “Seascapes”, de Hiroshi Sugimoto (Japón, 1948), comenzada en 1980, que tiene también como protagonista el mar, y ejecutada también mediante largas exposiciones, hasta conseguir unas imágenes aún más abstractas, al carecer de color. Y por otra, el legendario trabajo “Cape Light” (1979), firmado por Joel Meyerowitz en la zona de la costa norteamericana de Cape Cod, que tiene como  protagonista la luz y el color, consiguiendo fotografías de enorme plasticidad, y de gran capacidad evocadora. En el trabajo de Burns, de alguna manera, se fusiona esa estética del artista japonés, con el color del creador norteamericano. Seguro que las comparaciones no le desagradan a Samuel Burns. No quiere decir que su trabajo esté todavía a ese nivel, claro.

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© Samuel Burns

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© Samuel Burns

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© Samuel Burns

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© Samuel Burns

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© Samuel Burns

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© Hiroshi Sugimoto

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© Hiroshi Sugimoto

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© Hiroshi Sugimoto

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© Hiroshi Sugimoto

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© Hiroshi Sugimoto

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© Joel Meyerowitz

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© Joel Meyerowitz

Storm Over Corn Hill Beach, Truro, Cape Cod 1976

© Joel Meyerowitz

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© Joel Meyerowitz

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© Joel Meyerowitz

La frase fotográfica de los martes, por Bill Brandt

“La fotografía no tiene reglas, no es un deporte. El resultado es lo que cuenta, no importa cómo se haya logrado.”

Bill Brandt.

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© Bill Brandt

Nuevas miradas: Diana Markosian

Diana Markosian ha ganado recientemente el premio-beca “Emerging Photographer Fund” de Burn Magazine al mejor ensayo fotográfico. Un prestigioso galardón, en el seno de una publicación comandada por el “magnum” David Alan Harvey, enfocado a creadores documentalistas emergentes, que se ha ganado un respetable hueco dentro del panorama fotográfico. Y lo ha hecho con un evocador y poético recuerdo a su padre “ausente”, bajo el título de “My father, the stranger”. Una emocionante mirada de Diana Markosian al pasado, recreando la traumática separación de su padre a muy corta edad, y el peso que ha supuesto ese hecho a lo largo de su vida. Así lo relata en texto y en imágenes, una parte de los cuales hemos seleccionado:

My Father, The Stranger 

I knocked on the door of a stranger.

I’ve traveled halfway around the world to meet him.

My father.

I was seven years old when I last saw him.

As the Soviet Union collapsed, so did my family.

I remember my father and I dancing together in our tiny apartment in Moscow and him giving me my first doll.

I also remember him leaving.

Sometimes he would be gone for months at a time and then unexpectedly be back.

Until, one day, it was our turn to leave.

My mother woke me up and told me to pack my belongings. She said we were going on a trip. The next day, we arrived at our new home, California.

We hardly ever spoke of my father. I had no pictures of him, and over time, forgot what he looked like.

I often wondered what it would have been like to have a father.

I still do.

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As a child, my father would visit my brother and me, floating in and out of our lives.

Today, the visitor is me.

I am standing in the courtyard of his home.

It is the same gray, decaying Soviet building my parents lived in after they married.

You could say I’ve come home. But that’s not how it feels.

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At a certain point, my father stopped being a person to me.

He became a myth, a memory.

When I would ask my mother about him, she would look at me, disappointed:

‘Forget him. He’s gone,’ she’d say.

My mother never understood why I wanted to know him.

I don’t think she does to this day.

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He moved back to Armenia after his mother died.

It was a sense of duty to his 90-year-old father that brought him back.

Every day, he prepares his meals, gives him his medicine and helps him in the shower.

Even in the middle of the night. My father is there.

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La frase fotográfica de los martes, por Robert Frank

“Cuando la gente mira mis fotografías, yo quiero que ellos sientan lo mismo que cuando leen dos veces la línea de un poema.”

Robert Frank.

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© Robert Frank

Extrañados: Martin Parr para Grey Magazine

La revista de moda Grey Magazine acostumbra a acoger en sus páginas a fotógrafos que nada tienen que ver con ese tipo de imágenes, pero que prueban a dar una idea diferente de lo que es el género, intentando poner su granito de arena personal en las instantáneas, como ya vimos en esta sección en el caso de Nan Goldin. Uno de los últimos ha sido Martin Parr, que abandonando  su habitual fotografía documental, ha firmado un editorial de moda para la publicación en su número de primavera-verano, con el título de “Daily Chores”.  Y, la verdad que personalmente no me ha parecido un gran trabajo, ni de fotografía de moda en sí, ni como imágenes donde encontremos el toque ácido e irónico de Martin Parr, que podía haber dado mucho juego con otro planteamiento. Bien es cierto que muchas veces el fotógrafo de moda se convierte en un mero ejecutor. Pero si es el caso de Parr, hubiera sido una lástima pensar que un nombre así no haya podido controlar este encargo de mejor manera, intentándolo llevar a su terreno, ya que las imágenes se quedan en nimios guiños con el juego de la madre y la hija. En todo caso, aquí están las fotografías.

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Todas las fotografías © Nan Goldin para Grey Magazine

Nuevas miradas: Vicente Paredes

Desde el País Vasco, aunque nacido en Orihuela, a nivel estético Vicente Paredes (1972) recoge una amplia tradición contemporánea del uso del flash en la fotografía documental, para erigir un interesante trabajo, llamado “Furtivos”, que ha sido publicado hace unos meses por Fiesta Ediciones y RM. Paredes nos cuenta la historia de estos “furtivos” de tierras, en las cercanías de Bilbao, que, como en otras grandes urbes, han utilizado territorios ajenos para establecer pequeños huertos que, de alguna manera, representan esas tierras de origen de muchos de ellos, que un día dejaron para establecerse en la ciudad.

Una de esas pequeñas historias que sirven para representar al global de los seres humanos, en base a esas raíces que están presentes en todos, y que en este caso se manifiestan en estos “asentamientos”. Unas tierras que no son suyas, “okupadas”, y que aquí, dada la orografía del terreno, permanecen ocultas en su mayor parte a los ojos curiosos de los extraños, lo que les confiere un pequeño aire de inaccesibilidad, necesario seguramente para mantener sus “posesiones”.

A diferencia de su paisano Ricardo Cases, que ha apoyado el trabajo desde la editorial Fiesta, y cuya comparación enseguida nos viene a la cabeza al contemplar las imágenes y la utilización del flash, el estilo de Vicente Paredes es más posado, más estático, más propio de un fotógrafo que compagina sus proyectos personales con el trabajo editorial y publicitario. A diferencia de Cases, que viene del fotoperiodismo. Como podemos contemplar en sus anteriores trabajos, esas referencias estéticas están presentes desde hace tiempo en su forma de enfocar el trabajo documental, pero en el caso de “Furtivos”, podemos observar además una narrativa en las imágenes, y una historia que va más allá de la superficie para vincularnos con anhelos y referentes comunes.

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Todas las fotografías © Vicente Paredes

Una fotografía: “American Gothic”, de Gordon Parks

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Los merecidos homenajes a la figura de Gordon Parks (1912-2006) se vienen sucediendo desde que el año pasado se celebró el centenario de su nacimiento. El último de ellos, el que le dedica estos días los Rencontres de Arles. Y es que el nombre de Gordon Parks estará unido para siempre a la cultura y la política contemporánea, gracias especialmente a esos ensayos fotográficos realizados para la revista LIFE, ejecutados con una maravillosa humanidad, no exenta de hondura y un cargado simbolismo. Y decimos también a la política porque su obra fue fundamental, desde la perspectiva de un fotógrafo de color, el primero de talla mundial, para dignificar su raza dentro de la sociedad norteamericana y dar voz a los movimientos civiles que reclamaban los derechos de la personas afroamericanas. Dentro de una obra global que abarcó también el cine, la música y la literatura.

Hoy nos vamos a detener en una de sus fotografías más conocidas, titulada “American Gothic” (1942). En ella, observamos a una mujer negra de mediana edad que se nos presenta con un gesto resignado y cansado, con la bandera norteamericana de fondo. Una escoba y una fregona situadas en primer plano nos indican la profesión de esta mujer. Esta mujer de la limpieza se llamaba Ella Watson, y simbolizó según Parks, “lo que sentía sobre América en esa época”.  Y es que verdaderamente en esos momentos la segregación racial continuaba en muchos estados norteamericanos, y la segregación social, laboral y política, de una u otra manera, con las personas de color, era patente en todo el país.

La imagen fue realizada por Parks durante su etapa como becario en la Farm Security Administration, dirigida por Roy Stryker. En su primer día de trabajo, en Washington, Stryker le mandó salir a las calles para familiarizarse con la ciudad. Y lo que encontró el fotógrafo norteamericano fue una discriminación impactante para lo que era la capital de la nación, de donde emanaban todos los supuestos derechos y libertades. Restaurantes para blancos a los que tenía que acceder por la puerta trasera y cines que le prohibían la entrada por ser negro, fueron hechos que le sacudieron de una manera que su trabajo posterior no permaneció impasible ante ello.

Después de que le contara sus tristes pasos por la ciudad, Stryker le mandó buscar a alguna persona de color que hubiera pasado toda su vida en Washington. Así es como Gordon Parks llegó a Ella Watson, una trabajadora de la limpieza en el edificio de la Farm Security Administration. El fotógrafo le pidió que le contara su vida, y el relato fue una historia de miseria, desesperación y pobreza tal, que conmovió profundamente a Parks. La mujer aceptó posar ante su cámara, y Parks expresó en la imagen todo lo que estaba representando su paso por Washington, la vida de esta desdichada mujer, y de alguna manera la situación de la minoría negra. Y con ello creó una imagen icono, antes incluso del nacimiento de los movimientos por los derechos civiles, y que, ante su sorpresa, llegó a la portada del Washington Post.

La composición y estética de la imagen fue inspirada por una pintura de 1930, titulada también “American Gothic”, realizada por Grant Wood, y que se convirtió en una representación de los valores americanos de la época. En este caso, el simbolismo de la casa, la propiedad privada, la fe, el trabajo y la familia patriarcal, donde el hombre sostiene el rastrillo y mira al espectador, es sustituido por una mujer sola, con la mirada triste y cansada, que como únicas posesiones asoman sus utensilios de limpieza, con una bandera estadounidense de fondo que asiste en silencio a esta situación.

La fotografía es frontal, cruda, la profundidad viene dada por el desenfoque, y ni la composición, ni la luz son especialmente bellas, pero la imagen es un símbolo, evidente, pero revolucionario para la época. El propio Parks decía que esa fue su primera fotografía profesional, y sin duda su estilo se estilizó con el tiempo. Pero “American Gothic” es de esas imágenes icónicas que perduran, y que traspasan el trabajo de un fotógrafo, hasta convertirse en una señal que nos sirve para conocer un momento histórico.

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