Archivos Mensuales: octubre 2013

De papel y tinta: “Karma”, de Óscar Monzón

Se va a convertir en uno de los fotolibros del año, y con toda la razón. “Karma” (2013), firmado por Óscar Monzón, supone otro importante aldabonazo en la producción de libros fotográficos en España. Ya nos hemos acostumbrado a que en todas la listas de libros de año, se cuele algún autor español, como ya ha ocurrido con “Paloma al aire” de Ricardo Cases, “C.E.N.S.U.R.A.” de Julián Barón, y “Afronautas” de Cristina de Middel. Y todo ello sin el apoyo de los grandes grupos editoriales, más preocupados en producir la obra de artistas ya perfectamente establecidos, sin apostar por nuevos fotógrafos, como lamentablemente ocurre en otros estamentos del mundo artístico. Aquí, el autor se tiene que hacer cargo en muchas ocasiones de parte o todo el presupuesto de edición e impresión, pero a cambio tiene una libertad que seguramente no tendría de trabajar para otros.

Del proyecto de Óscar Monzón se conocían hace tiempo numerosas imágenes, que sorprendieron por su originalidad temática y la contundencia del resultado estético, pero ahora, al verlas unidas junto a otras fotografías, es cuando han encontrado su verdadera dimensión. El trabajo del fotógrafo español tiene como gran protagonista el automóvil, el papel que ocupa en el mundo contemporáneo, y la relación que tenemos los seres humanos con él. Otros autores habían elegido de una u otra manera este tema, como recordamos “Inward” de Camino Laguillo, pero la manera contundente, opresiva, y la forma de dirigirnos la mirada a través de “Karma”, hacen de esta creación una de esas obras imprescindibles para conocer las posibilidades de la fotografía y del propio libro fotográfico.

Con una encuadernación de tapa blanda, un estilo de revista, imágenes a sangre, y un papel brillo propicio para saturar el color, el libro comienza de menos a más, con unos detalles que nos muestran cicatrices, rayajos, desperfectos, con encuadres cerrados, sucediéndose los que pertenecen a la piel humana, con los que forman parte de la “piel” del coche. Todavía no podemos identificar al protagonista de la historia, que se va presentando poco a poco, hasta que ya vamos reconociendo al automóvil. O tal vez el protagonista seamos nosotros, toda vez que el coche es una simple proyección de lo que somos, y en lo que somos capaces de convertirnos cuando estamos dentro de él. Así, la intimidad del espacio, propicio para todo tipo de sucesos, convive en las imágenes con la vulnerabilidad que de alguna manera supone el coche para todos, que explota muchas veces en una incontenible agresividad y tensión. Son sentimientos que todos hemos notado dentro de un automóvil, y con los que Monzón juega a la largo de las imágenes.

“Karma” es un viaje hacia la alienación del hombre, hacia el conocimiento del ser humano dentro de la sociedad moderna, en ese pequeño microcosmos que es el automóvil, símbolo por excelencia del mundo contemporáneo, y metáfora de todos nuestros peores instintos. Y todo ello realizado con una narración envolvente, que al principio puede descolocar, pero que a medida que avanza el libro, te va enganchando, encontrando el sentido, provocando la reflexión y también una necesaria relectura.

Este fotolibro está a la venta en la librería Dalpine, que junto a RBV Books se ha encargado de editar el libro. Del diseño se ha ocupado Eloi Gimeno, y de la coordinación, Gonzalo Golpe.

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Pequeños (o grandes) desconocidos: David Heath

David Heath (nacido en Filadelfia, en 1931) pertenece a esa generación que, después de la Segunda Guerra Mundial, entendió la fotografía documental como una forma de expresión personal y subjetiva, que no necesita de grandes temas sobre los que girar, pero sí de un enfoque propio. Al igual que otros como William Klein o Robert Frank, David Heath comprendió que el libro fotográfico era el mejor medio para que esa forma de entender la fotografía tuviera peso y la narración necesaria para poner en pie un discurso que nos habla, tanto del autor como del mundo que le rodea. Así, “A Dialogue with Solitude (Un diálogo con la soledad)”, publicado en 1965, es uno de los grandes fotolibros de los años 60, y un referente por su riqueza simbólica y poética. La soledad en el mundo contemporáneo emerge como idea subyacente en este libro, con unas imágenes muy expresivas, con potentes contrastes, encuadres cerrados y opresivos, y lecturas abiertas. Después de este trabajo, Heath buscó expandir su obra, trabajando con sonidos, pases de diapositivas y polaroids. Algunas de sus imágenes forman parte de colecciones de instituciones como el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

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Todas las fotografías © David Heath

La frase fotográfica de los martes, por Richard Billingham

“Es tu trabajo lo que importa, no tienes que preocuparte por lo que piense la gente.”

Richard Billingham.

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© Richard Billingham

Fotografía y control: Carl Durheim

El fotógrafo suizo Carl Durheim (1810-1890) recibió en 1852 un delicado encargo por parte del fiscal general de Suiza, Jacob Amiet. Fotografiar a las personas de Berna que no pudieran demostrar un domicilio fijo, para crear un registro de personas sin hogar que sería entregado a la policía. Durante más de un año, hasta finales de 1853, estuvo realizando esta labor, que se trata, seguramente, del primer archivo policial de fotografías. Hay que darse cuenta que  sólo habían pasado trece años desde que se dieran a conocer los primeros procesos fotográficos, y en tan breve espacio de tiempo, la fotografía había encontrado múltiples aplicaciones, hasta llegar también a una muy extendida a lo largo de la historia: el control y la vigilancia a través de la imagen.

Durheim fotografió a las personas que eran detenidas por ser “sin hogar”, algo que englobaba desde gitanos a artistas de circo, y esas imágenes eran convertidas en litografías y distribuidas por toda Suiza. A pesar de la naturaleza registral del encargo, hay que decir que los retratos de Durheim no parecen haber sido realizados con tal fin, ya que los protagonistas de sus instantáneas posan en su mayoría con dignidad, casi como si se tratara de una fotografía hecha a petición propia, salvo el temor que se atisba en algún rostro. En esa temprana época de la historia de la fotografía, seguro que la mayoría, por no decir todos, era la primera vez que se colocaban delante de una cámara, y tal vez sin conocer completamente la misión de tal experimento. Algo que supuso la primera piedra en uno de los usos sin duda más polémicos de la fotografía.

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Todas las fotografías © Carl Durheim

La frase fotográfica de los martes, por William Eggleston

“Incluso los lugares menos interesantes, más feos o aburridos, por un instante pueden volverse mágicos para mi.”

William Eggleston.

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© William Eggleston

Pequeños (o grandes) desconocidos: Henry Dixon y el Londres que ya no existe

Eugene Atget no fue el primero en fotografiar una ciudad cambiante, dando testimonio de un pasado que iba a sucumbir ante el empuje de una nueva ordenación urbanística, con mayores necesidades de todo tipo. El inglés Henry Dixon (1820-1892) nos dejó un maravilloso legado de imágenes del “viejo Londres”, en un encargo que le llegó de la mano de la organización Society For Photographing Relics of Old London, a imitación de lo que habían hecho el estado francés  encargando a diferentes fotógrafos la documentación de la arquitectura gala.  Durante doce años Nixon estuvo registrando edificios y calles de la capital inglesa, que en la mayoría de los casos no existen ya o han quedado totalmente transformados. A diferencia del fotógrafo francés, Dixon es más ortodoxo, más pulcro y profesional, lo que seguramente estriba en una pérdida de la magia y la poesía que poseen las fotografías de Atget. Pero en muchas de las fotografías de Dixon contemplamos ese mismo misterioso encanto de las calles desiertas, un escenario abierto y libre con enorme poder de seducción y evocación. Lugares que ya no están, pero que la fotografía ha registrado para siempre.

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Todas las fotografías © Henry Dixon

Toni Catany: un nuevo adiós a la mejor fotografía española

Esta semana murió Toni Catany, un fotógrafo mallorquín, nacido en 1942, que aportó a la fotografía española una nueva forma de interpretar la realidad, más personal e íntima, alejada de la corriente documental que dominó el panorama nacional de la mano de Ramón Masats, Xavier Miserachs o Ricard Terré, entre otros. Sin Catany, reconocido con el Premio Nacional de Fotografía en 2001, la fotografía española estaría coja. O al menos vacía de esos autores que arriesgan, que experimentan, con resultados diversos, pero con la necesidad de expandirse como creadores, y ampliar territorios con la misma sensibilidad. Recordemos a Catany con alguna de sus imágenes y con varias frases suyas que nos pueden también ayudar a conocer mejor su obra.

“A mí me atrae sobre todo la parte que tiene la imagen de misterio, de sugerencia, para que todo el mundo sea libre de interpretarlo a su manera”.

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“No hago fotografía para los demás, sino para mí, por el puro placer de fotografiar. Si además gusta…”

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“La fotografía para mi es muchas cosas. Es un modo de expresarme que tomé desde pequeño, de una forma inconsciente. Con la fotografía me resulta fácil expresar mis sentimientos. La obra fotográfica que hago es un poco autobiográfica. Me dejo llevar por el azar, los viajes, los acontecimientos para hacer mi obra”.

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“Hay épocas en que no tengo nada que decir y no hago fotos, no pasa nada, y cuando tengo un tema desarrollado, una necesidad de crear imágenes, entonces lo hago”.

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“¡No!, no creo en la obra maestra, creo en la obra de toda una vida, es decir en el conjunto de la obra y en ese conjunto puede haber cosas mejores y peores. Es en definitiva en ese conjunto en el que creo, ya que si la obra maestra no ha surgido en cuarenta años, no va a surgir ahora tampoco y ni me interesa”.

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Pequeños (o grandes) desconocidos: William Van der Weyden

En esta sección de pequeños o grandes desconocidos (u olvidados), vamos a detenernos hoy en el trabajo de un fotoperiodista, William Van der Weyden (1879-1921, Estados Unidos). Uno de esos fotógrafos cuyo trabajo hoy en día nos resulta más interesante que el de muchos de los que en aquella época se reclamaban como artistas, y que hoy se nos presentan pomposos y artificiales. Formó parte de una generación que experimentó con las nuevas posibilidades que ofrecían las cámaras modernas, más ligeras, y las películas de mayor sensibilidad, con un ansia tremenda de plasmarlo todo y probar esos avances ante un mundo lleno de opciones. Van der Weyden trabajó como fotoperiodista en Nueva York, un terreno propicio para un fotógrafo atrevido, cuyas imágenes hoy observamos con el encanto mágico del pasado, pero con la sorprendente plasticidad de su modernidad. La mayoría de las fotografías seleccionadas, extraídas de la colección formada por 1400 instantáneas de Van der Weyden depositadas en la George Eastman House, están fechadas en torno al año 1900.

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Todas las fotografías © William Van der Weyden

La frase fotográfica de los martes, por Ryszard Kapuscinski

“Cada fotografía es un recuerdo, y a la vez no hay nada que nos haga más conscientes de la fragilidad del tiempo, de su naturaleza perecedera y efímera, que la fotografía”.

Ryszard Kapuscinski.

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© Ryszard Kapuscinski

Extrañados: Erwin Olaf, Martin Parr, Araki y Polidori para Grey Magazine

La estilosa revista Grey Magazine ha aparecido ya varias veces en esta sección del blog. La aparición de fotógrafos artísticos o documentales dentro de sus páginas, convierten cada número de la publicación en una interesante muestra de experimentación e intercomunicación fotográfica entre estilos y géneros. Para la edición de otoño-invierno de este año, como no podía ser de otra manera, también aparecen varios destacados nombres de la fotografía entre sus colaboraciones. Así, entre las diferentes portadas que han diseñado, las fotografías vienen firmadas por, entre otros, Erwin Olaf, Martin Parr, Nobuyoshi Araki y Robert Polidori.

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© Erwin Olaf para Grey Magazine

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© Martin Parr para Grey Magazine

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© Nobuyoshi Araki para Grey Magazine

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© Robert Polidori para Grey Magazine