Roy DeCarava, la otra voz negra

Roy DeCarava (1919-2009, Nueva York) forma parte de esa generación de fotógrafos norteamericanos que a mediados de los años 50 buscó nuevas vías de expresión personal, utilizando la imagen documental como vehículo donde revelar pensamientos, ideas o simples versos sueltos de una profunda hondura.  Junto al más conocido Gordon Parks, conforman la escasa presencia de la población afroamericana dentro de la fotografía de los Estados Unidos.  Su principal obra fue el libro “The Sweet Flypaper of Life” (El dulce atrapamoscas de la vida), cuyas imágenes iban acompañadas por los textos de Langston Hugues. Este trabajo, publicado en 1955, fue realizado gracias a una beca Guggenheim, primera otorgada a un fotógrafo afroamericano, y tuvo como gran escenario visual las calles de Harlem, donde DeCarava había nacido. Sus imágenes han quedado como firme testimonio de la vida de esas históricas avenidas neoyorkinas, en un momento donde el movimiento a favor de los derechos civiles de la población afroamericana tomaba un nuevo impulso. Pero DeCarava no era un fotógrafo político al uso. Traslada a la imagen la situación de esa parte marginada de la población, pero su “política” era más sutil, más poética, poniendo la realidad al servicio de su propia manera de ver la fotografía.

En “The Sound I Saw”, que no vio la luz hasta el año 2000, se recogen las instantáneas que durante los años 50 y 60 realizó en los locales de jazz de ese mismo barrio neoyorkino. Imágenes que desprenden la similar esencia lánguida, melancólica y oscura de esos ritmos tan asociados a la población negra de los Estados Unidos. Fotografías a media luz, donde apenas se ilumina un gesto, una mirada o unas manos deslizándose por un teclado. En esta serie de imágenes, DeCarava se revela como un fotógrafo de exquisita sensibilidad para transmitir una atmósfera a través de la fotografía, palpando el momento y sabiendo utilizar la cámara de la manera más adecuada. Pocos fotógrafos han hecho un uso tan extremo de las sombras en una imagen, sombras que te obligan a detenerte y a bucear entre los matices de grises que se dejan atisbar.

En 1996 el Museo de Arte Moderno de Nueva York realizó una retrospectiva de su obra, ya para siempre unida al jazz y al barrio de Harlem. En el catálogo de la exposición, Peter Galassi escribía lo siguiente: “A través de la lírica precisión de su trabajo, DeCarava se dirige al espectador con una intimidad poco frecuente. Su gracia formal es un vehículo de fuertes emociones. Nadie ha hecho fotografías más abiertamente delicadas, y tal vez esto no sea ninguna sorpresa en un artista cuyo estilo es tan sutil, pero en cuyas fotos encontramos también dolor e ira.”

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