Una fotografía: “Boda de Don Julio Gadea, prefecto de Cuzco”, de Martín Chambi

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El peruano Martín Chambi (1891-1973) forma parte de la historia de la fotografía como el primer fotógrafo indígena que miró con ojos iguales a sus semejantes. Uno de esos ejemplos que fueron surgiendo en muchos lugares del planeta, de fotógrafos autóctonos, que recogieron las enseñanzas de, en muchos casos, fotógrafos europeos que “colonizaron” el mundo con la fotografía. Chambi lo hizo convirtiéndose en un fotógrafo de exquisita técnica, de la que se aprende en el día a día, enfrentándose a todo tipo de encargos comerciales, ya fuera una boda o un retrato a una autoridad de la zona. Y lo consiguió a pesar de provenir de una familia muy humilde, que le llevó a trabajar en una mina, hasta que reunió el dinero suficiente para aprender fotografía, que había conocido por un ingeniero de su empresa que documentaba el trabajo con su cámara, y de la que se enamoró para siempre.

Hemos querido mostrar el trabajo de Chambi con su conocida imagen “Boda de Don Julio Gadea, prefecto de Cuzco”, realizada en 1930, y que fue seleccionada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York como una de las grandes fotografías de la historia. De esta imagen destaca el admirable tratamiento de la luz que ilumina el rostro de los recién casados, y que los resalta del resto del grupo, que permanece en un segundo plano, más alejado, pero que se unen con esa diagonal trazada por la cola del traje de la novia, sujetada por dos niñas. Del cuadro emerge también la mirada fría y hermética del novio, Julio Gadea, prefecto de Cuzco, cuya elegante compostura nos hablan de su elevada condición social. No puedo dejar de observarle y sentir un pequeño escalofrío, con ese bello rostro, de los que parece que no dejan traslucir nada de su interior, por miedo a que conozcamos la verdad que esconden. Aparece orgulloso, desafiante, es una de las personas más poderosas de la ciudad, y así lo deja traslucir en su rostro. Su semblante contrasta con el de la candidez de su ya mujer, llamada Olimpia Arteta, que parece atesorar el brillo de los deseos cumplidos en aquel ya lejano día. En todo caso, son elucubraciones, como casi siempre que hablamos de una fotografía.

Lo que no son divagaciones es la evidente tensión y dinamismo que tiene la imagen, provocada por esa maravillosa luz que empapa a los contrayentes. Para centrar la mirada en los contrayentes y familiares, Chambi se permite la licencia de oscurecer la periferia de la imagen, lo que hoy en día conocemos como “viñeteado”, resaltando aún más el claroscuro y la iluminación que capitaliza principalmente la pareja. Una muestra del especial cuidado que ponía Chambi en los detalles, tanto en el momento de la toma, como en la fase del revelado, con un enorme dominio de la técnica, y el correcto y personalizado tratamiento que otorgaba a cada placa.

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