Archivo de la categoría: Exposiciones

Exposición “Seres Poéticos”, en el Centro de Arte Moderno

Rompo por un día el habitual desarrollo de este blog para invitaros a la exposición “Seres Poéticos”, que se inaugurará este jueves, 20 de Junio, en el Centro de Arte Moderno, en Madrid (calle Galileo, 52). Fotografías realizadas por la persona responsable de este espacio para la fotografía que es Oda a Niepce, que soy yo, David García-Amaya. Espero que podáis visitar la exposición.

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“La dualidad del asombro es irreductible al azar. David mira y la gracia de la naturaleza, la evolución inteligente de su casualidad, se traduce en materia visible de lo otro, una resemantización de lo desapercibido, la inclusión de la personalidad emotiva en los decorados críticos de lo cotidiano. Esa es la narración paralela, lo literariamente afín al poeta aislado en la figuración de su perfil de mito, en la verosimilitud de su presencia en los espejos sin reflejo de las fotografías de David García-Amaya. La realidad tiene pies de abanico para hacer caminar al viento, un colador de café se convierte en episodio del insomnio en los peldaños de la escalerilla de Jacob, el columpio caliente lleva el equipaje repleto de bombillas fundidas…Sucesos irrepetibles en lo que fuera lo que fuese la poesía, el afuera de las maravillosas cabezas de estos poetas que recargan de materia luminosa el universo con la súbita imaginación de sus incendios en la sombra de lo real. Lo que ve David no es lo que ve el espectador amante del retrato, sino el milagro con el que algún don misterioso comienza de nuevo la bella y más justa creación del mundo invisible, lo que en su verdad es, lo que son, literalmente emocionantes, persuasivos, estos seres poéticos”.

Juan Carlos Mestre, Premio Nacional de Poesía

“Seres Poéticos” tiene la intención de unir y mezclar la fotografía con la poesía, dos formas de expresión artística que tienen fuertes lazos de unión, en el sentido de que apelan a los sentimientos más internos, y necesitan de una interacción emotiva con el espectador o lector.

El proyecto se basa en tres pilares: un retrato, una fotografía de contexto y un poema del escritor. Un retrato de corte clásico que une a todos los escogidos, y una imagen de su casa, de su contexto vital, como prolongación de la identidad del mismo, y que a la vez sirve para crear un contraste a veces confuso y otras veces clarificador en relación a la actitud y el gesto del retratado. Una pose que une el arte eterno y clásico de la poesía, con la permanencia de la poesía en el mundo contemporáneo y actual, que pueden reflejar las otras imágenes. Y entre ambas fotografías, creando una unión y un lazo entre ambas, un poema del escritor, que de alguna manera puede provocar en el espectador un juego mental en la búsqueda de una conexión interna entre escritor, contexto y texto.

Al final, la fotografía es un fotograma fijo, un momento detenido en el tiempo, que sin duda existió, fue real, pero del que no tenemos más pruebas, más explicaciones que las que podamos sacar de un aspecto, de una mirada o de un objeto. Y en base a ello, construimos un significado, nuestro significado, que puede ser tan verdadero como como queramos creernos que lo sea, ya que al final se trata de nuestra interpretación, que es el resultado de un cúmulo de vivencias internas.

La fotografía comparte con la poesía su brevedad, su economía de elementos, lo que redunda en ambos casos en una profunda riqueza simbólica, una intensidad que puede ser más o menos sutil, pero de la que se sirve el autor para sintetizar emociones y pensamientos que intentan trascender la esfera individual para conectar con la singularidad del otro. En este sentido, los poetas y los fotógrafos, conviven ahora entre lo visual, lo real y lo figurativo, jugando con mundos que por muy real que sea lo que contemplamos dentro de una imagen fotográfica, siempre tendrá la mano detrás de un creador que ha seleccionado y aislado una porción de la realidad. Al igual que el poeta, que elige, reúne palabras, creando significados y nuevos caminos a partir de lo ya existente y comprobado.

Una de las artes creativas más jóvenes que tenemos, la fotografía, y el arte clásico de la poesía, pero que pervive en nuevas generaciones de escritores dispuestos a continuar una tradición expresiva que nace de lo más profundo, y que podemos contemplar en este proyecto. Entre los poetas jóvenes presentes hay ganadores de los premios de poesía más importantes de España, como los Premios Adonáis, Luis Rosales, Ojo Crítico, Hiperión, Blas de Otero, Poesía Joven de Radio 3, Arte Joven de la Comunidad de Madrid, La Voz más Joven de Cajamadrid…

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Todas las fotografías © David García-Amaya

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Emmet Gowin, lo íntimo y personal en PhotoEspaña 2013

Emmet Gowin (nacido en 1941, en Virgina, Estados Unidos) es otro de esos grandes fotógrafos que está presente en la edición de este año del festival PhotoEspaña, en el espacio expositivo de la Sala Azca, de la Fundación Mapfre (Avenida General Perón, 40. Madrid), hasta el 1 de Septiembre de 2013. Un artista que sigue la estela marcada por Alfred Stieglitz, a comienzos del siglo XX, y más tarde por Harry Callahan, de tener a su mujer como gran musa y pieza central de su actividad creadora. Precisamente Callahan, profesor suyo en la Escuela de Diseño de Rhode Island, fue el que le convenció para buscar en lo más íntimo y cercano su inspiración, tal y como había hecho él con su esposa Eleanor. De esta manera, Edith, a la que conoció en 1960, y con la que se casó en 1964, se convirtió en el eje sobre el que ha girado la parte más importante de la trayectoria artística de Emmet Gowin.

Una obra que ha sido calificada como una gran declaración de amor, y en la que Gowin asoma con su cámara de manera íntima y sincera, transmitiendo afecto, respeto y admiración por su esposa, que participa de manera cómplice en las fotografías. El trabajo se amplió a la familia de Edith, y a familia que ellos mismos crearon, haciéndonos partícipes de muchos momentos de su vida. A diferencia de Stieglitz, Callahan y Weston, en las imágenes que crearon también de sus parejas, las obras de Emmet Gowin son más crudas, menos formales, más espontáneas, consiguiendo que las sensaciones emocionales que transmiten sean más evidentes.

Desde 1980, ha combinado el gran proyecto de su vida con Edith con las imágenes aéreas y el paisaje, buscando la mano del hombre, destructora en el desierto de Nevada donde se han realizado numerosas pruebas nucleares, y en las centrales térmicas de la Republica Checa, pero también creadora en la belleza eterna de Petra.

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Todas las fotografías © Emmet Gowin

Shirin Neshat, arte iraní en PhotoEspaña 2013

La exposición de la artista iraní Shirin Neshat (1957, Qazvin, Irán)  es otra de las más interesantes muestras que vamos a poder ver en PhotoEspaña 2013, en el Espacio Fundación Telefónica (calle Fuencarral, 3. Madrid), desde el 6 de Junio hasta el 1 de Septiembre. Educada en una familia progresista de clase media, la obra de Shirin Neshat ha estado marcada por el choque entre la formación abierta y occidental que recibió, y la conmoción que supuso su vuelta al Irán post-revolucionario, tras haber pasado varios años fuera de su país y no haber regresado desde la época del Sha.

Fruto de ese reencuentro con Irán, y del conflicto al que se enfrentó al contemplar una sociedad que le pareció apasionante, pero terriblemente cerrada y con falta de libertad, desconocida para ella, la creatividad brotó y surgieron sus primeras y más conocidas series fotográficas, como “Unveiling” (1993) y, principalmente, “Women of Allah” (1993-1997). Fotografías en blanco y negro, donde la mujer aparece cubierta por el chador, y sobre las partes del cuerpo que quedan al aire, se impresionan escrituras caligráficas persas. La inclusión en muchos casos de armas de fuego, produce un enfrentamiento, y una contraposición, entre la mujer musulmana, y el estereotipo que acarrea, y la falta de sumisión que supone la presencia de las armas.

El cuerpo de la mujer como campo de batalla, y reflejo de los conflictos dentro de la sociedad islámica y la visión que tenemos de ella. La escritura actúa como altavoz de un silencio impuesto, en unos textos que son poemas de la poeta feminista pro revolucionaria Tahereh Saffarzadeh. Y la referencia al martirio también presente, de manera simbólica, en esta serie que evoca a esas mujeres que lucharon por Jomeini durante la revolución.

Su obra posterior ha estado más centrada en la producción audiovisual, incluyendo el largometraje “Women Without Men” (2009), con el que consiguió el León de Plata del Festival de Cine de Venecia.

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Todas las fotografías © Shirin Neshat

Edward Weston y Harry Callahan, dos apuestas seguras en PhotoEspaña 2013

Sin duda alguna que una de las exposiciones más atractivas de la próxima edición de PhotoEspaña, que se inaugurará el día 4 de Junio, será la que reúna a Edward Weston (1886-1958) y Harry Callahan (1912-1999) en la Sala Goya del Círculo de Bellas Artes, bajo el título de “Él, ella y ello. Diálogos entre Edward Weston y Harry Callahan”, abierta hasta el 28 de Julio. Y es que la obra de ambos autores están bien apegada a lo que es el tema general de PhotoEspaña 2013, “Cuerpo. Eros y políticas”.

El trabajo de Edward Weston, elegante, exquisito y pulcro, se fijó en las formas del cuerpo femenino, investigando una y otra vez en los volúmenes, en las líneas y las sombras que se creaban en función de las torsiones del cuerpo, la luz o la pose de la modelo, ya fuera en interiores o en exteriores. La también fotógrafa, Tina Modotti, durante una primera época, y Charis Wilson, en un periodo más extenso, fueron amantes, modelos y musas en estas intensas búsquedas estéticas de Weston, donde también hay una evidente carga erótica de posesión y deseo.

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© Edward Weston

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© Edward Weston

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© Edward Weston

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© Edward Weston

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© Edward Weston

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© Edward Weston

En esa actitud obsesiva que suele caracterizar al fotógrafo, pero en otro extremo creativo, más experimental y menos formalista, Harry Callahan tuvo en su mujer, Eleanor, a su gran modelo durante toda su vida. Y es que ella fue la gran protagonista de una carrera amplia y original. Eleanor participaba con entusiasmo en todos los juegos que ideaba Harry, en una mente siempre despierta para conseguir aquella imagen que ideaba en su interior. Algo que repitieron cientos de veces, ya fuera desnuda, vestida o acompañada por su hija Bárbara.

Viendo sus imágenes, nos sentimos partícipes de ese afecto, de esa adoración que sentía el fotógrafo norteamericano por su mujer, en una admirable e inacabable relación creativa y sentimental. Prueba de ello, las palabras de Eleanor en 2006, cuando ya Harry había fallecido. “Él sólo quería hacerme fotografías a mí. En cualquier pose, ya lloviera o luciera el sol, estuviera haciendo lo que estuviera haciendo, lavando los platos o medio dormida. Y él sabía que yo nunca le diría que no. Yo estaba siempre ahí para él”.

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© Harry Callahan

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© Harry Callahan

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© Harry Callahan

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© Harry Callahan

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© Harry Callahan

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© Harry Callahan

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© Harry Callahan

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© Harry Callahan

Disfrutaremos de todo ello en esta exposición ineludible dentro de PhotoEspaña 2013. En próximas ocasiones, hablaremos más sobre lo que nos presenta esta edición el festival de fotografía más importante de España.

Cristina García Rodero: trabajo personal y encargo comercial

Una vez pasadas varias semanas ya de la polémica surgida cuando se dieron a conocer las fotografías realizadas por Cristina García Rodero a los Príncipes de Asturias, podemos ahora revisar con más sosiego las imágenes firmadas por nuestra fotógrafa más internacional. Al menos, poner en valor la intachable trayectoria de García Rodero, por más que algunos hayan visto en ese trabajo realizado por encargo, como poco, un imperdonable borrón.

Y es que, por mucho que a algunos no nos haya gustado el acabado y la realización de esas fotografías, en un encargo comercial en ocasiones las posibilidades del fotógrafo son limitadas por diferentes trabas comerciales o publicitarias. Seguramente a García Rodero le hubiera gustado realizar un tratamiento distinto del enfoque, donde pudiera haberse captado de una manera más natural la vida diaria de los Príncipes de Asturias y sus hijas, pero el cuidado acartonado que se tiene de la imagen pública en España, ya sea de la familia real o incluso de los políticos, se lo habrían impedido.  Condiciones estrictas o dirección artística con escasas miras y respeto por su trayectoria, la verdad que tendría que ser la propia fotógrafa la que se pronunciara.

En este país no tiene cabida el trabajo que realiza Pete Souza en el día a día del presidente Barack Obama, y la imagen de las personalidades públicas de uno u otro tipo residen en urnas herméticas, no sea que la opinión pública descubra algo que le pueda importunar en su deambular por las altas esferas. Evidentemente que de Barack Obama conoceremos lo que quieran que conozcamos, pero sólo por la relevancia que le dan a la fotografía, y la libertad con la que trabaja Souza, según ha manifestado en alguna ocasión, es digno de alabanza ese trato.

Y tal vez ahí haya estado el problema en el trabajo de García Rodero. No por aceptar un encargo comercial, algo que han hecho y hacen numerosos fotógrafos de primer orden, ya sea del mundo documental o artístico, si no en dejarse llevar a unos terrenos en los que parece no sentirse cómoda. Imágenes pulcras, demasiado. Iluminaciones y acabados clásicos, sin un ápice para la sorpresa, para la chispa que te haga ver algo más, por mucho que los márgenes fueran estrechos. Se echa en falta un toque, un detalle de los que es capaz García Rodero cuando se coloca delante de la realidad con plena libertad, y capta un momento mágico, tanto, que muchas veces parece irreal.

Aquí está todo demasiado medido, demasiado controlado, y parece que García Rodero siempre tiene el freno echado.  Aunque seguro que más adelante, si no hay cláusula de confidencialidad por medio, la artista manchega nos podrá dar algunas claves de todo lo relacionado con este trabajo. Y ahí tal vez podamos resolver las dudas que este encargo nos ha generado.

Lo que está claro es que Cristina García Rodero no ha manchado el nombre del fotoperiodismo, como decían algunos (no creo que ella nunca haya sido fotoperiodista siquiera), ni por aceptar el encargo, ni por haberlo ejecutado de esa manera. Estamos en un momento de incertidumbre económica que no escapa a casi nadie, y lícito es aceptar unos seguros apetecibles ingresos.  Lo que sí se le podrá criticar es no haber conseguido exprimir hasta todo lo posible las opciones creativas, y limitarse a cumplir con lo demandado sin aportar algo más que un resultado hueco para una imagen igual de acartonada y ficticia.

Y aunque su biografía no queda empañada por este encargo, qué mejor que recuperar a la gran García Rodero con la exposición que se está realizando de su obra en el Centro de Arte de Alcobendas, con motivo de la entrega del 2º Premio Internacional de Fotografía de Alcobendas a la miembro de la Agencia Magnum. Un recorrido por todo su trabajo, que nos servirá para reencontrarnos con piezas de sus proyectos más conocidos. Se podrá visitar hasta el 23 de enero de 2013.

Exposiciones: Josep Brangulí

Josep Brangulí (1879-1945) es uno más de esos fotógrafos españoles tristemente olvidados dentro de la historia cultural de este país. Un pionero del fotoperiodismo, que retrató la Cataluña de la primera mitad del siglo XX, y cuyas fotografías son un testimonio vivo de una época intensa de cambios y conflictos. Ahora, en la Fundación Telefónica de Madrid (calle Gran Via, 28), y hasta el 28 de Febrero, tenemos oportunidad de ver la mayor retrospectiva que se ha organizado de su obra hasta la fecha. Más de 300 fotografías agrupadas en bloques temáticos, según el asunto o el hecho histórico que tratan, dentro de una extensa exposición que ha sido comisariada por Valentín Vallhonrat y Rafael Levenfel.

Brangulí se inició en la fotografía a finales del siglo XIX, y colaboró durante su carrera con las grandes publicaciones escritas de la época, como La Vanguardia, ABC o Diario de Barcelona. Además de su trabajo como fotoperiodista, abarcó también sectores distintos como la fotografía industrial y de arquitectura, lo que dio como resultado una obra muy amplia, que se nos muestra como un reflejo de una época, tanto en sus grandes acontecimientos, como en las transformaciones que vivió Cataluña durante esos años.

Podemos contemplar fotografías de la llamada Semana Trágica, de la Guerra Civil, del comienzo del franquismo, junto a instantáneas de competiciones deportivas, de sucesos, de la vida bulliciosa de Barcelona, o extraordinarias imágenes de edificios y zonas industriales. Y todo ello realizado con una técnica y un acabado estético sorprendentes para la época, que muestran una fotografía que nada tiene que envidiar a lo que se hacía en el resto del mundo.

Un “artesano” de la fotografía, que vivía de unos encargos que realizaba con meticulosidad, y que sin las pretensiones de la fotografía artística de esos años, que andaba por otros derroteros, generó unas imágenes directas, de una modernidad cautivadora, como en sus fascinantes series sobre boxeo. Desde luego que es una buena oportunidad de recuperar la memoria de una época, y de hacer justicia con un fotógrafo desconocido para el gran público, pero que merece formar parte de lo mejor de la historia de la fotografía española.

Atín Aya, arte documental y humano

Una de las cosas más atrayentes de la fotografía es que es prácticamente inabarcable. El hecho democrático y universal de la fotografía provoca que continuamente te lleguen imágenes y más imágenes que despiertan la curiosidad. Y no sólo de fotógrafos contemporáneos y actuales. También el pasado más o menos reciente está lleno de creadores que, sin tener el renombre de los grandes referentes icónicos de la historia de la fotografía, tienen una obra honesta que merece ser revisada con detenimiento. El ojo vivo y despierto debe estar preparado en cualquier momento para la sorpresa, y la obra del fotógrafo Atín Aya es de esas que merece ser descubierta.

Desarrollando principalmente su trabajo como fotoperiodista para medios como Diario 16 y ABC, este fotógrafo nacido en Sevilla en 1955, creó unas fotografías en paralelo a su ocupación en la prensa escrita, y luego ya dedicado en cuerpo y alma a sus proyectos personales, que destacan por su gusto por el detalle y la composición. Con la fuerza del blanco y negro más primario, Aya nos envuelve en un retrato de personajes anónimos de aspecto intenso y desgarrado. Seres de verdad, auténticos, envueltos en paisajes de verdad, como en su apasionante trabajo “Marismas del Guadalquivir”, su proyecto en mi opinión más interesante y completo.

Una exposición en el Centro Cultural Cajasol de Sevilla y una nueva página web donde podemos contemplar su trabajo, han vuelto a poner de actualidad a un artista que nos dejó demasiado pronto, con sólo 52 años.