Archivo de la categoría: Fotógrafos

Paul Strand: un tardío retrato de África

Entre los trabajos que realizó Paul Strand (1890-1976) una vez que abandonó para siempre su país de origen, Estados Unidos, tal vez el más sorprendente es el que realizó en Ghana en 1963 y 1964, y que acabó convertido en un libro fotográfico. Un viaje que surgió por la invitación de Kwame Nkrumah, el primer presidente de Ghana.

Durante los seis meses que Strand y su mujer viajaron por el país africano, realizó unas 500 fotografías, en blanco y negro, con una cámara de gran formato. Siguiendo el estilo patente en otros proyectos de aquellos años, como el que le llevó a Italia, el padre de la fotografía directa ya había abandonado las imágenes robadas, como el de la célebre ciega de Nueva York de 1916, que le dieron a conocer, para afrontar el retrato, que compone buena parte de las instantáneas, de manera posada.

Y los habitantes de Ghana son inmortalizados de una manera muy pura, aislados del entorno, poco sentimental, emergiendo con orgullo y dignidad, sin caer en falsos humanismos. Posiblemente las ideas políticas de Strand, seguramente cercano a los movimientos de liberación africanos, se filtran en las fotografías de estas personas, que parecen afrontar con serenidad el futuro de su recién nacida nación.

Hasta 1976 no vieron la luz estas imágenes, reunidas en el libro “Ghana, An African Portrait”, con textos del historiador Basil Davidson.

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Sebastião Salgado, Ronald Reagan y la profesión de fotógrafo

Sebastião Salgado, seguramente uno de los fotógrafos más reconocidos del planeta, comenzó realizando puro fotoperiodismo en agencias como Sygma, Gamma y posteriormente Magnum. Hoy, cuando contemplamos esos impactantes paisajes en blanco y negro que forman parte de su última serie “Génesis”, se nos hace difícil imaginarlo persiguiendo a un político, o retratando la vida diaria de una ciudad. Pero sin duda es muy interesante, y tremendamente aleccionador para los que empiezan en ésto, saber que la fotografía es un largo camino de aprendizaje, y de duro trabajo, cuando lo conviertes en una profesión. Y que muchos de los que hoy tenemos como grandes nombres de la fotografía, fueron progresando en el oficio, trabajando como fotoperiodistas de calle, fotógrafos de bodas, o realizando sencillas imágenes de carnet, como en el caso de Richard Avedon para la Marina de los Estados Unidos. Quien no lo entienda, quien no esté dispuesto a realizar ese “otro tipo de fotografías”, o quien piense que se puede saltar de la nada a las páginas del National Geographic o Time y/o subsistir mientras tanto, mejor que no intenté dedicarse a ser fotógrafo como trabajo.

Corría el año 1981 cuando Sebastião Salgado, curtido en largos años de trabajo de agencia, ya formando parte de Magnum, y por encargo del New York Times, estaba trabajando en un reportaje sobre los 100 primeros días de Ronald Reagan en el cargo de presidente de los Estados Unidos. Pero el día 30 de Marzo de 1981, que se presentaba como uno más dentro de este seguimiento, ocurrió algo inesperado. Reagan sufrió un atentado a la salida del Washington Hilton Hotel, a manos de un hombre llamado John Hinckley Jr., del que salió ileso. Y Salgado estaba allí para inmortalizarlo. Aunque las imágenes del fotógrafo Ron Edmonds son las más conocidas de ese día, fotografías con las que consiguió un Premio Pulitzer, Salgado consiguió realizar una serie de imágenes del atentado, aunque por la confusión del momento, sean más de los instantes posteriores.

Una revista brasileña destacó la noticia en este curioso reportaje:

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El color de Vivian Maier

Ya hemos contado en el blog la increíble historia de Vivian Maier, la niñera que pasó gran parte de su vida haciendo fotografías, y que no fue descubierta hasta después de su muerte, donde ese espectacular tesoro formado por miles de imágenes salió a la luz. Hoy vamos a detenernos en una parte menor de su trabajo, pero que no deja de poseer las señas de identidad de Vivian Maier, sus instantáneas en color. Aunque el número de fotografías que captó en color es pequeño, en relación al blanco y negro,  sí podemos atisbar ese ojo inquieto, juguetón y tremendamente visual  de Maier, añadiendo también en este caso la posibilidad de jugar con los colores, abriendo nuevas posibilidades a sus imágenes.

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Christer Strömholm, un sueco entre los grandes

Seguramente la historia de la fotografía del siglo XX haya estado demasiado centrada en los Estados Unidos, a la que hay que reconocer su papel en la vanguardia a todos los niveles del medio, y muy poco consciente de lo que ocurría en otros lugares del planeta, salvo casos particulares, como el francés. En este siglo XXI, con el alcance global que ha tenido Internet como plataforma de conocimiento, uno de los grandes avances en la fotografía ha sido la posibilidad de acercarse a la obra de artistas de cualquier país, una vez que los grandes cauces que antes marcaban la senda que escribían los grandes libros de historia, como el MOMA o los medios de divulgación estadounidenses, ya son unas piezas importantes, pero sólo unas más entre otras muchas.

Por ejemplo, un artista como Christer Strömholm (1918–2002) nos podía servir de ejemplo de importantes nombres de la fotografía, cuya obra no ha alcanzado la globalidad que seguramente merecía. Del fotógrafo sueco la serie más conocida tal vez sea “Les Amies de Place Blanche”, que retrató a los transexuales que ejercían la prostitución en el barrio rojo de París. Unas imágenes, tomadas en los años 50 y 60, que no se convirtieron en libro hasta el año 1983. Instantáneas donde Strömholm alcanza una gran intimidad, y que emanan un enorme respeto y admiración por algo que el fotógrafo sueco definió como “la grandeza de obtener la libertad para elegir tu propia vida”. Un trabajo pulcro y elegante en lo formal, pero provocador a la vez por el mundo que retrata, y cómo lo retrata, donde predomina la no estereotipación. Estas mujeres emergen seguras, libres y valientes, casi retratadas como si fueran estrellas de cine, pero que han forjado su carácter superando traumas en una vida dura y compleja.

En otras imágenes firmadas por el fotógrafo sueco, realizadas algunas de ellas durante la misma época de “Les Amies de Place Blanche”, podemos atisbar un lado un tanto más oscuro y macabro, donde se mezcla la abstracción y el surrealismo, con fotografías inquietantes, que tienen como protagonistas en muchos casos a niños. Aquí las fotografías sugieren preguntas, interrogantes sin respuesta, elucubraciones en relación a lo que Strömholm nos quiere comunicar, en un plano rico y complejo. Algunas de ellas formaron parte de “Poste Restante”, libro publicado por primera vez en 1967, que es un diario visual de sus viajes por el mundo, y que le empareja con artistas como Robert Frank y Ed van der Elsken. En 1997 su nombre alcanzó más notoriedad al recibir el Premio Hasselblad.

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FETICHE, Paris

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© Christer Strömholm, “Nana” (1959)

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© Christer Strömholm, “Carmen” (1960)

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© Christer Strömholm, “Jacky” (1961)

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© Christer Strömholm, “Suzannah y Sylvia” (1962)

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© Christer Strömholm, “Themis” (1963)

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© Christer Strömholm, “Tarragona” (1958)

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© Christer Strömholm, “Cuenca” (1961)

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© Christer Strömholm, “Cuenca” (1963)

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© Christer Strömholm, “Hiroshima” (1963)

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© Christer Strömholm, “Tokyo” (1963)

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© Christer Strömholm, “Tokyo” (1963)

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© Christer Strömholm, “Tokyo” (1963)

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© Christer Strömholm, “Tokyo” (1963)

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© Christer Strömholm, “Shinohara” (1963)

Platon, el retrato contra natura

Entre las lecciones básicas que te pueden dar a la hora de realizar un retrato, una de las más habituales será que coloques la cámara a la altura de los ojos y utilices una longitud focal larga. Con ello conseguirás un aspecto más natural de la persona. Pero, ¿qué sucede cuando el fotógrafo decide saltarse esta regla tan habitual y clásica?. El resultado se convierte en desconcertante, extraño y curioso. Lo que para muchos pudiera ser un error o una impericia técnica, otros lo erigen en un sello personal que les identifica y les diferencia como fotógrafos. Así ocurre con el británico Platon (Platon Antoniou, de origen griego, nacido en 1968), célebre ya gracias a sus portadas para Time, Wired, The New Yorker y Esquire, entre otras.

Platon coloca la cámara muy abajo, donde nadie se había atrevido a llegar para retratar a grandes líderes y personalidades mundiales, desde una distancia próxima, sirviéndose para ello de un objetivo gran angular, con la consiguiente distorsión de las extremidades. De esta manera ha realizado alguno de sus retratos más conocidos, como el del presidente ruso, Vladimir Putin, portada de la revista Time, y que le valió un premio World Press Photo en 2008. Es evidente que un estilo tan radical no a va despertar un aplauso unánime, pero es atrevido, original dentro de lo que podríamos englobar como retrato editorial, y el impacto, importante para distinguir una portada del resto, está garantizado.

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© Platon, “Al Pacino”

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© Platon, “Bill Clinton”

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© Platon, “Gaddafi”

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© Platon, “George Bush padre”

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© Platon, “Vladimir Putin”

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© Platon, “Willie Nelson”

Eugene Richards, un fotógrafo nada imparcial

Hay fotógrafos que se hacen presentes de una manera radical en la fotografía. Sus imágenes no son objetivas, ni pretenden serlo. Así trabaja Eugene Richards (1944, Estados Unidos), el reconocido fotoreportero norteamericano. Los protagonistas de sus series son colocados en los extremos del encuadre, muchas veces cortados, añadiendo una tensión dramática que acentúa las ya de por sí delicadas temáticas sobre las que trabaja.

Drogas, exclusión social, familias desestructuradas… Eugene Richards se muestra siempre crudo, duro, no pretende dulcificar, sino conmover, golpear, hasta algunas veces provocar que el espectador tenga que retirar la vista de la fotografía. Sus imágenes están realizadas desde muy cerca, en ocasiones, a pocos centímetros, con el mérito enorme de haberse ganado la confianza del retratado para trabajar de esa manera, y con la honestidad de no querer ser condescendiente con lo que testimonia.

Y siempre mostrando a los que pierden… a los que se quedan sin un hijo, muerto en una guerra sin sentido a miles de kilómetros, o a los que sobreviven en un suburbio tercermundista del primer mundo, en una gran ciudad americana… ahí está el objetivo de Eugene Richards para contar su historia, en un riguroso blanco y negro, y con la seguridad de que el resultado será intenso, no apto para los que prefieran ver sólo el lado amable de la vida.

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Todas las fotografías © Eugene Richards

John Hilliard y la “duda fotográfica”

La realidad de una fotografía no es la verdadera realidad, siempre es una interpretación de esa realidad. Aproximada o no, cercana o no, el fotógrafo selecciona el punto de vista, el encuadre, la perspectiva, el grado de desenfoque… son tantas las elecciones que un fotógrafo puede hacer, que podríamos crear decenas de imágenes  finales partiendo de una misma escena o momento.  Como decía Garry Winogrand, “yo fotografío para ver cómo quedan las cosas en la fotografía”. El inglés John Hilliard (nacido en 1945) es un artista que ha utilizado la fotografía para ponerla en cuestión, o por lo menos para evaluar los cimientos sobre los que se asienta (o se asentaba) en función de su identificación como “espejo de la realidad”. ¿Es verdad lo que vemos?,  ¿cómo interpretamos lo que vemos?, ¿qué o quién nos lleva a leer una fotografía de una determinada manera?. Son muchos los interrogantes que podrían surgir a partir de alguna de las obras de Hilliard, siempre inteligente en sus planteamientos y fines. Tal vez lo que podamos extraer de sus trabajos, y de otros de similar corte, es una razonable y meditada “duda” a la hora de aproximarnos a cualquier fotografía. Y cuantas más herramientas, de conocimiento y educación visual tengamos, mejor podremos resolver esa duda de la manera más acertada posible.

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© John Hilliard

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© John Hilliard, “Cause of death” (1974)

Una fotografía: “Boda de Don Julio Gadea, prefecto de Cuzco”, de Martín Chambi

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El peruano Martín Chambi (1891-1973) forma parte de la historia de la fotografía como el primer fotógrafo indígena que miró con ojos iguales a sus semejantes. Uno de esos ejemplos que fueron surgiendo en muchos lugares del planeta, de fotógrafos autóctonos, que recogieron las enseñanzas de, en muchos casos, fotógrafos europeos que “colonizaron” el mundo con la fotografía. Chambi lo hizo convirtiéndose en un fotógrafo de exquisita técnica, de la que se aprende en el día a día, enfrentándose a todo tipo de encargos comerciales, ya fuera una boda o un retrato a una autoridad de la zona. Y lo consiguió a pesar de provenir de una familia muy humilde, que le llevó a trabajar en una mina, hasta que reunió el dinero suficiente para aprender fotografía, que había conocido por un ingeniero de su empresa que documentaba el trabajo con su cámara, y de la que se enamoró para siempre.

Hemos querido mostrar el trabajo de Chambi con su conocida imagen “Boda de Don Julio Gadea, prefecto de Cuzco”, realizada en 1930, y que fue seleccionada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York como una de las grandes fotografías de la historia. De esta imagen destaca el admirable tratamiento de la luz que ilumina el rostro de los recién casados, y que los resalta del resto del grupo, que permanece en un segundo plano, más alejado, pero que se unen con esa diagonal trazada por la cola del traje de la novia, sujetada por dos niñas. Del cuadro emerge también la mirada fría y hermética del novio, Julio Gadea, prefecto de Cuzco, cuya elegante compostura nos hablan de su elevada condición social. No puedo dejar de observarle y sentir un pequeño escalofrío, con ese bello rostro, de los que parece que no dejan traslucir nada de su interior, por miedo a que conozcamos la verdad que esconden. Aparece orgulloso, desafiante, es una de las personas más poderosas de la ciudad, y así lo deja traslucir en su rostro. Su semblante contrasta con el de la candidez de su ya mujer, llamada Olimpia Arteta, que parece atesorar el brillo de los deseos cumplidos en aquel ya lejano día. En todo caso, son elucubraciones, como casi siempre que hablamos de una fotografía.

Lo que no son divagaciones es la evidente tensión y dinamismo que tiene la imagen, provocada por esa maravillosa luz que empapa a los contrayentes. Para centrar la mirada en los contrayentes y familiares, Chambi se permite la licencia de oscurecer la periferia de la imagen, lo que hoy en día conocemos como “viñeteado”, resaltando aún más el claroscuro y la iluminación que capitaliza principalmente la pareja. Una muestra del especial cuidado que ponía Chambi en los detalles, tanto en el momento de la toma, como en la fase del revelado, con un enorme dominio de la técnica, y el correcto y personalizado tratamiento que otorgaba a cada placa.

Saul Leiter, una herencia de color y abstracción

Hace pocos días se fue un maestro de la fotografía en color, Saul Leiter (1923-2013), y nos dejó un maravilloso legado de elegantes e inteligentes fotografías. Un fotógrafo que es conveniente estudiar, que es un ejemplo para todos esos estudiantes que están empezando a dar sus primeros pasos. En sus imágenes podemos ver lucidez, y una mirada nada pretenciosa, que es capaz de fijarse en el detalle momentáneo, en ese contraste de color que encaja y redondea una imagen, o en una rápida combinación de líneas y siluetas, que necesitan del encuadre preciso para completar la fotografía.

Disparó en color cuando pocos lo hacían de manera seria, y consiguió ganarse el respeto del mundo del arte, con su estilo sensible y exquisito, y poco dado a la transgresión de otros compañeros de generación. Sus estudios de pintura, y su atracción por el expresionismo abstracto, influyó en su obra, donde en muchas ocasiones la forma y el color predominan sobre el tema, y sólo contemplamos bocetos de figuras y objetos, que se desdibujan tras la bruma de un frío día en Nueva York, su gran escenario. Profesionalmente, se ganó la vida fotografiando moda para revistas como Vogue, Elle o Harper’s Bazaar.

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Todas las fotografías © Saul Leiter

Extrañados: Stephen Shore para Bottega Veneta

En esta sección hemos visto cosas sorprendentes, pero nada como la campaña que firmó Stephen Shore para la firma de moda Bottega Veneta, de su colección primavera/verano 2006. Y lo hizo situando la acción, no precisamente en moteles destartalados o gasolineras, o en un paisaje típicamente norteamericano, sino en un ambiente de lujo y elegancia, y con un estilo que podríamos calificar de clásico dentro del mundo de la moda. Shore cuenta que de divirtió mucho realizando este trabajo, y que supuso un verdadero reto realizar lo que le pedían, sin más. Un encargo que no ha sido el único en el mundo comercial que ha fotografiado, como bien atestigua que ya ha aparecido en “Extrañados”.

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© Stephen Shore para Bottega Veneta